Estos diez alimentos engordan más de lo que pensabas

Empezamos septiembre con ganas de adquirir nuevos hábitos alimentarios y volver a las buenas costumbres para deshacerlos de los excesos del verano
Estos diez alimentos engordan más de lo que pensabas

 

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Septiembre es un gran mes para cambiar de hábitos alimentarios o por lo menos para volver a las buenas costumbres previas a las desordenadas vacaciones. Eso sí, sin prisas. Los expertos aconsejan que nos lo tomemos como un proceso 'a largo plazo' y adaptado a cada persona. En este camino "es importante saber elegir los alimentos correctos o evitar aquellos que contienen exceso de calorías, que casi siempre, son los que están desprovistos de fibra, proteínas y otros nutrientes saludables", explica a Cadena100.es Ángela Tello, autora del libro 'Nutrición. Todo lo que no te han contado sobre la alimentación sana (Ed. Guía Burros-Editatum) . "Mantener una alimentación variada es imprescindible para mantenernos saludables y aunque hay alimentos que no gozan de buena fama, si sabemos equilibrar nuestra alimentación no tiene por qué afectarnos. Nuestro organismo es una máquina inteligente, capaz de gestionar incluso alimentos que no son saludables, el problema se origina cuando nuestra dieta diaria no lo es".

En realidad, apunta "podríamos comer de todo siempre y cuando seamos consecuentes y conscientes de que los excesos pueden tener efectos nocivos para nuestra salud". Además no hay que olvidar que "a medida que cumplimos años nuestro organismo va teniendo menor capacidad de gestionar comidas pesadas y poco saludables así que corre de nuestra parte tener fuerza de voluntad para comer lo justo y necesario".

Ángela Tello pone en la picota estos 10 alimentos hipercalóricos cuya ingesta habitual además de potenciar la subida de peso produce efectos muy nocivos para nuestra salud. Apunta:

1. REFRESCOS

Estas bebidas se encuentran en el último escalón de productos alimenticios saludables debido a que son una gran fuente de azúcar y de calorías. Una lata típica de cualquier refresco contiene como mínimo de 7 a 10 cucharaditas de azúcar y no proporciona ningún otro nutriente aprovechable para nuestro organismo. El gran problema de estas bebidas es que cuando se consumen no producen sensación de saciedad y contrariamente a lo que se suele pensar, tampoco calman la sed. Sin embargo, sí que proporcionan una alta cantidad de calorías que al unirse con las que provienen de la comida terminan convirtiéndose en un exceso calórico. Es preferible tomar agua con gas añadiéndole una rodaja de limón o unas hojas de yerbabuena para dar una sabor agradable, dado que tomar refrescos asiduamente puede aumentar el riesgo de desarrollar obesidad y diabetes tipo 2.

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2. ZUMOS ENVASADOS

Aunque se puede pensar que los zumos de frutas son una opción saludable, no siempre es así. A menudo los zumos de frutas contienen la misma cantidad de azúcar e incluso más que las bebidas refrescantes. La fruta es rica en azúcares simples como la sacarosa, glucosa y fructosa, cuya ingesta está asociada al aumento de peso y las dislipemias (aumento de triglicéridos y colesterol en sangre). Los zumos de fruta son peores que la fruta entera porque están exentos de fibra, que cumple con un papel fundamental. La fibra es quien hace que se produzca una liberación más lenta de los azúcares en sangre, aumentando la sensación de saciedad, por tanto evita el consumo de otros alimentos. Además, tiene la capacidad de inhibir el vaciamiento gástrico haciendo que otros macronutrientes de la digestión como los carbohidratos, proteínas y grasas se digieran a un ritmo más lento.

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Hay que tener en cuenta que un vaso de zumo equivale a tomarse 3 o 4 raciones de fruta. Esto es algo similar a una de bomba de azúcar, capaz de aumentar los niveles de insulina en sangre mucho más rápido que cuando consumimos la fruta entera. Los zumos y las bebidas refrescantes están dentro de los alimentos que más engordan porque los carbohidratos líquidos sacian menos que los sólidos y hacen que las personas sigan sintiendo hambre, a pesar de las calorías consumidas.

3. HELADOS

Los helados convencionales de leche y crema tienen un inconveniente básico que tiene que ver con la cantidad de grasa y azúcar que contienen. Por un lado, la mayoría de la grasa de los helados es saturada, la cual es responsable de elevar los niveles de colesterol malo en sangre. Normalmente con tan solo una porción de helado, ya se excede la cantidad de grasa saturada aconsejable por día. Por otro lado, nos encontramos con el azúcar; cada porción de helado puede llegar a contener aproximadamente unos 20 gramos de azúcar. Si una cucharadita equivale a 4 gramos de azúcar, 20 gramos resulta ser bastante excesivo. Los helados son alimentos hipercalóricos y su consumo habitual puede ocasionar obesidad. Como es obvio no todos los helados contienen altas cantidades de grasa y azúcar, hay marcas que pueden ser más light, pero para que el helado tenga un sabor agradable las fabricas tienen que compensarlo con otros ingredientes. Si contiene menos grasa, tendrá más azúcar, si tiene menos azúcar tendrá más grasa, edulcorantes y saborizantes.

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4. PIZZAS CONGELADAS

Las pizzas preparadas contienen una alta cantidad de carbohidratos refinados, grasas trans y saturadas. Es raro o al menos poco habitual, que una masa de pizza esté hecha a base de harinas integrales. Normalmente se usa la harina de trigo refinada, la cual tiene el mismo efecto que el consumo excesivo de pan blanco. Es decir sobrepeso. El hándicap es el mismo, pues la ausencia de fibra de las harinas tiene el mismo efecto que en los zumos. Aun así, y haciendo un paréntesis, es imprescindible tener en cuenta que aunque un alimento esté hecho a base de harinas integrales, también nos hace engordar si se consume en exceso.

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Volviendo a los ingredientes de la pizza, otro que debemos tener muy en cuenta es el queso. Uno de los mayores atractivos de las pizzas, es que tengan abundancia de queso, que las convierte en auténticos proyectiles de grasa que acabarán en nuestra sangre. Si vamos más allá, la mayoría de alimentos preparados contienen grasas trans. Estas son ácidos grasos transformados bioquímicamente y suelen utilizarse con diferentes objetivos en la industria alimentaria. En el caso de las pizzas precocinadas se usan para conseguir que su sabor sea más rico; obviamente pagando un precio muy alto, dado que estas grasas se acumulan en vasos y arterias.

5. BOLLERÍA INDUSTRIAL

Para nadie es un secreto que la bollería industrial es de los productos alimentarios más perjudiciales. Lamentablemente muchas madres compran este tipo de productos para los desayunos de sus hijos sin ser conscientes de estar fomentando la obesidad infantil. Los ingredientes que contiene la bollería industrial raramente son sanos, tanto las grasas como las harinas utilizadas para estos productos son de poca calidad y con efectos muy nocivos para el organismo. En primer lugar, las harinas refinadas carecen de nutrientes y de fibra.

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Las grasas que se usan suelen ser trans (aceite de palma o coco), cuyo consumo produce efectos negativos, tales como el aumento del colesterol malo.
Además otro ingrediente característico y no menos nocivo, son los azúcares refinados, que no contienen nada más que calorías vacías destinadas a convertirse en tejido adiposo en nuestro cuerpo. Es decir, grasa.

6. HAMBURGUESAS Y COMIDA RÁPIDA

No es nada novedoso decir que la comida rápida es de los alimentos más dañinos para nuestro cuerpo. El problema es que este tipo de productos combinan a la perfección y de forma nefasta: carbohidrato refinado, carnes procesadas, grasas saturadas e incluso trans y mayonesa. ¿Qué más se puede pedir?: ¡Un refresco!
La combinación de grasas y carbohidratos es la esencia de la comida rápida. Desgraciadamente y con muy mal criterio, se nos ocurre llevar a nuestros hijos a los sitios de comida rápida desde muy temprana edad. El daño que esto produce es irreparable.

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Desde la primera vez que ingerimos estos alimentos, nuestro cerebro genera tal cantidad de dopamina que ya nunca olvidaremos su sabor, influyendo así en nuestros futuros hábitos alimentarios. No es una exageración, varios estudios constatan que la comida rápida es la más adictiva porque estimula los centros de recompensa de nuestro cerebro. Ese es el motivo por el cual cuando lees la carta de un restaurante no puedes evitar pensar en hamburguesa, pizza, pasta con queso, etc.

7. PATATAS FRITAS

A nadie se le ocurre pensar que algo tan sano como una patata pueda tener efectos negativos. Desafortunadamente tanto las patatas fritas de paquete como las de restaurante son un cóctel irresistible de grasa y de carbohidratos.

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El problema de las patatas fritas, es que te las comes sin darte cuenta y una vez que empiezas es muy difícil parar. Esto como es obvio tiene sus consecuencias y es que al acabar con la ración nos encontramos con que hemos engullido un montón de grasa y de carbohidratos de una sentada, siendo la consecuencia final el aumento de peso y de talla.

8. CHOCOLATE CON LECHE

El chocolate, ya por naturaleza contiene una alta cantidad de grasa, pero además hay que tener en cuenta que la variedad de chocolate con leche es la más perjudicial, porque tiene exceso de azúcar añadido. Las personas que guardan en el cajón del escritorio o en las estanterías de su casa una tableta de chocolate con leche, tienen mucha más propensión a engordar. Esto se debe a que sin darse cuenta, trocito a trocito, se están suministrando pastillitas de azúcar y grasa. Esto, aunque lo hagan cada cierto tiempo, si además se acompaña de una vida sedentaria, conseguiremos el cóctel perfecto para seguir ganando peso.

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9. ALCOHOL

El alcohol tiene una característica fundamental y es que proporciona calorías vacías. Es decir, no nos alimenta, no nos quita el hambre y sin embargo nos hace engordar rápidamente. Un gramo de alcohol contiene casi el doble de calorías de las que suministra un gramo de carbohidrato. El problema del alcohol es que no es un nutriente que el cuerpo pueda almacenar. Nuestro organismo tiene la capacidad de almacenar carbohidratos en forma de glucógeno, grasa en forma de células adiposas y proteínas en forma de masa muscular, pero no puede almacenar ni el alcohol, ni sus calorías.

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Es muy fácil ganar peso cuando habitualmente acompañamos las comidas con alcohol. El problema radica en que nuestro organismo prioriza la utilización de las calorías del alcohol, dejando en segundo plano las calorías de la comida. La consecuencia una vez más, como es obvio, es el aumento de peso.

10. POSTRES

Una costumbre muy arraigada es la de consumir postres después de comer. Este hábito no es nada aconsejable para aquellas personas que están deseando perder peso, dado que los postres están llenos de azúcares refinados con un claro efecto sobre el índice de glucosa en sangre. Como ya se sabe, ingerir más calorías de las que el cuerpo va a necesitar solo se traduce en acumulación de grasa y si no se es un deportista asiduo lo más probable es que se termine ganando peso.

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Hay que tener muy claro, que aunque los postres se sirvan en platos pequeños, son bombas hiper-calóricas muy grandes que seguirán sumando calorías al cómputo total de la comida.

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